Nuestra valoración: 2 cachirulos de 5 posibles, algunas deficiencias importantes detectadas en el restaurante

  • Dirección del restaurante: Blasón Aragonés 6, 50003, Zaragoza
  • Tipo de cocina: Alta cocina de vanguardia. Autor.
  • Precio: precio medio del menú degustación 82 euros
  • Fecha de la visita: mayo 2010

Lo más fácil para un servidor sería empezar a describir excelencias de mi visita al restaurante Bal d’ Onsera, Zaragoza, con ello aparentaría tener una valoración en restauración como los más afamados críticos gastronómicos que, negro sobre blanco, nos intentan decir cómo comer para ser más “pichis“.

Restaurante Bal d’ Onsera

También evitaría algún que otro “cabreo” ajeno por no exaltar al primer, y único hasta al momento, restaurante de Zaragoza que tiene una estrella Michelín. Además, y por si fuera poco, incluso yo me quedaría más tranquilo, ¿por qué?, pues porque soy consciente de la importancia para Zaragoza de tener un restaurante con una estrella Michelín, que desde el punto de vista turístico es un punto a su favor.

La valoración de un restaurante es subjetiva, irrefutable afirmación, pero al fin y al cabo no deja de ser algo numérico y cuantificable, que se podría simplificar con un modelo algo parecido a este:

Valoración = ( c1*p1+c2*p2+…+cn*pn ) / n

donde los pn son los parámetros valorados, y los c1 son los coeficientes que subjetivamente cada uno aplicamos dependiendo del peso del parámetro en cuestión para nosotros mismos.

Pues con un modelo de este tipo, a un servidor, se le cuece que los coeficientes del modelo de los “estrelladores” debe de variar según la presión atmosférica, el ipc, el ibex35 o alguna conjunción astral ancestral, porque si no, al menos yo, soy incapaz de comprender como algunos otros restaurantes de Zaragoza no gozan de estos galardones.

Y que conste que me alegro infinitamente por el estrellato del restaurante Bal d’ Onsera , que deseo se perpetúe en el tiempo, que no contradice, al menos según mis criterios, que el que escribe o cualquier otro cliente, no entendamos en que mundo viven los que promocionan la cocina de cinturón apretado y cartera alegre en detrimento de la que requiere una buena siesta sin conflictos cognitivos por su coste.

Intentaré no extenderme demasiado en los distintos apartados de este artículo-crónica-crítica y como se llame, porque entiendo que el que va a un restaurante como la Bal d’ Onsera, debe de asumir el riesgo de que lo que encuentre no sea lo que desearía, pero tampoco pasa nada, porque sólo desde la experiencia valoraremos más lo que tenemos, lo de siempre.

El local de la Bal d’ Onsera.

Blanco, amplio, desahogado, pero poco discreto. Sólo 5 mesas redondas, para 4 comensales sin agobios, donde también nos ubican si vamos dos, como en nuestro caso, de forma que teníamos una gigantesca mesas para dos, perfecto. Las sillas se nos antojaron incómodas al verlas pero sin embargo fueron muy cómodas. Comentaba poco discreto porque a pesar de estar las mesas muy bien separadas, al haber un silencio casi sepulcral, las conversaciones viajan de mesa en mesa y casi hay que susurrar para hablar, aunque lógicamente dependerá del resto de comensales que ocupen el local del día de la visita.

Restaurante Bal d’ Onsera

El servicio.

En ningún momento empatizó con nosotros, quizás sea la forma de no alterar las condiciones óptimas para la degustación de los platos, no lo se, pero a mi me gusta que me pregunten por nuestra comodidad, o si nos dejamos un plato casi sin tocar (cosa que ocurrió) se interesen por el motivo, etc… Por otro lado, en muchos casos cuando nos presentaban el plato no entendíamos el nombre de este, por no hablar bien Castellano la camarera. Entenderán que me es indistinta la nacionalidad pero no el no entender lo que me dicen, al menos en un restaurante donde uno va con todos los sentidos alerta. Como bien dice nuestra Constitución Española, en España todo el mundo tiene el derecho de hablar Castellano y la obligación de saberlo.

La carta de vinos.

Subida de tono, ya estamos como antes, si vamos a un restaurante de este renombre debemos de pensar en gastar dinero, la cocina, el producto, …. es algo muy subjetivo, pero las botellas de vino le cuestan lo mismo a ellos que a otro restaurante, y sin embargo tienen un precio sensiblemente superior, es un hecho.

La carta.

En el restaurante Bal d’ Onsera podemos comer a la carta o el menú degustación. A la carta encontramos platos “para empezar”, los “para continuar” y los postres. Varían los precios de los platos entre 18 y 36 euros el plato y los postres 9 euros.

El menú degustación cuesta 72 euros más la bodega.

Tanto los platos como el menú degustación son platos de alta cocina, con múltiples ingredientes, reasignación de características en el plato y diseños excelentes en cuanto a presentación, juegos de texturas y temperaturas, sutiles combinaciones conformadas con los mejores productos. Pero sin embargo de cantidades exiguas, porque no nos olvidemos que comer es eso, comer, y si uno después de comer tiene hambre pues humildemente pienso que no ha comido.

El vino de nuestra comida.

Tomamos el menú degustación, en el cual no entra la bodega. Este menú no está detallado en la carta, por lo cual dificilmente podremos pedir un vino correcto para maridarlo, salvo que tengamos capacidades adivinatorias, que no es el caso, tampoco nos informaron de su contenido al pedirlo, de forma que decidimos pedir el universal “maridador“, el cava. En este caso un cava “a priori” de cavas Colet.

Servido a perfecta temperatura y mantenida esta durante toda la comida, nos sirvieron las copas durante el desarrollo de la degustación. Se trata de un buen cava, bien estructurado, de burbuja fina constante. Muy expresivo en su evolución, con ligero amargor final. Un buen cava.

Restaurante Bal d’ Onsera

Sin embargo, y casi a modo de anécdota, al terminar la botella aparecieron residuos, sedimentos, seguramente fruto de un degüelle incorrecto de la botella, momento en el cual los sedimentos, generados durante la fermentación en botella, previamente de haberse removido para que se sedimenten en el cuello y posteriormente congelado este, se sacan de la misma justo antes de encorchar. Todo esto es una labor de la bodega, que nada tiene que ver el restaurante.

El precio del restaurante Bal d’ Onsera, Zaragoza.

Tomamos el menú degustación más una botella de cava, por un total de 164 euros, que son 82 euros por persona. Por este precio uno espera que le sorprendan, que le emocionen, salir saciado y decir “a merecido la pena“. Pero no fue el caso. Por lo tanto mi valoración del precio confrontado con lo que recibí no es satisfactoria.

Restaurante Bal d’ Onsera

Comimos en el restaurante Bal d’ Onsera.

El menú degustación, un menú estrecho y más o menos largo. Conformado por un aperitivo, cuatro platos y dos postres. No adecuado para dilatados estómagos, quizás, como el del que suscribe.

Entrante: espuma de huevo trufada sobre crema de garbanzos junto a calabacín y espaguetis de cebolla. Un sutil aperitivo.

Restaurante Bal d’ Onsera

Borrajas con centollo. Una sugerente mezcla de sabores, y una muy lograda textura de la borraja, con un punto crujiente.

Restaurante Bal d’ Onsera

Salmonete en caldo de mejillón de roca. Excelente salmonete con un, más visual que paladar, caldo de mejillón.

Restaurante Bal d’ Onsera

Morro de ternera. Morro de ternera con expresión amarga. Como anécdota: nos dejamos uno de los dos platos y no nos preguntaron el motivo, se limitaron a recogerlo sin decir palabra.

Restaurante Bal d’ Onsera

Solomillo de ternera. Se deshacía en la boca, buenísimo, lástima que era casi anecdótico.

Restaurante Bal d’ Onsera

Primer postre: queso con cítricos. Atrevido juego de sabores amargos, un postre muy refrescante.

Restaurante Bal d’ Onsera

Espuma de crema catalana. Una filigrana culinaria, pero tan suave en el paladar que casi pasa sin dejar constancia.

Restaurante Bal d’ Onsera

Opinión del restaurante Bal d’ Onsera.

El restaurante Bal d’ Onsera es un restaurante de alta cocina, de platos minimalistas, creados con acrobacias y malabares culinarios de puntos perfectos de cocina, sutiles cambios de contexto en los productos y presentaciones elitistas en los platos. Ahora bien, como experimento de laboratorio es perfecto, pero quizás no si tenemos que pagar los 82 euros por persona que nos puede costar el menú degustación, siendo este, además, no demasiado copioso. Es el primer, y único hasta la fecha, restaurante de Zaragoza en lograr una estrella Michelín, que sin duda se merece y deseamos que mantenga. Como pueden ver tengo la poca vergüenza de decir lo que pienso, cosa que se traslada en seguir haciendo amigos, pero no pasa nada, me vale conque alguien agradezca mi franqueza.