Nuestra valoración: 4,5 cachirulos de 5 posibles, restaurante muy recomendable

Estamos de enhorabuena, tenemos otro gran restaurante en Zaragoza, el restaurante Amaranto. Como otros buenos restaurantes nace a cobijo de un hotel insignia, en este caso el Hotel Boston. Localizado en planta calle, con acceso directo desde esta, e independiente del hotel, en la Avenida Camino de las Torres número 28, Zaragoza, en una zona de abundante actividad hostelera, tanto de restaurantes como de bares de copas y terrazas.

Restaurante Amaranto, Zaragoza

Recuerdo con añoranza los buenos momentos que nos brindó el ya desaparecido restaurante Coral, siempre me pareció una pena tener “escondido” un santuario de la gastronomía clásica Española, regional, como era aquel restaurante.

El restaurante Amaranto nace siguiendo el buen hacer de su antecesor, una cocina clásica, de mercado, fundada en el mejor producto, traído desde todos los puntos de nuestra geografía, sin escatimar mimos para poner lo mejor en cada plato. Cecina de Astorga, carnes del valle de Esla, anchoas de Santoña, marisco Gallego, arroz de las cinco villas, besugo de Tarifa, …

Hay quien piensa que la cocina clásica es aburrida, yo discrepo enormemente de esta academia. ¿Cómo puede ser aburrido algo que nos hace ser tremendamente felices?, que nos rememora sabores y sensaciones de siempre, que nos evoca lo mejor de nosotros mismos, en definitiva que hace que el rutinario protocolo diario de la comida se convierta en un momento que queda grabado en nuestros pensamientos durante mucho tiempo, y cual droga nos hará irremediablemente recaer.

A veces los restaurantes, más bien los chefs, se obcecan en elaborar complejos platos con exóticos ingredientes y sofisticados métodos culinarios, para lograr sabores originales con presentaciones imposibles y colores antagónicos al producto. Y no es que diga que me parezca mal, es interesante y nos hace probar cosas más o menos distintas, pero no deja de ser un proceso antinatura. El restaurante Amaranto no se mete en estos “jardines“, sino que va al grano ¿para que inventar sabores si la naturaleza nos provee de productos de innata grandeza organoléptica?, pero claro, estos privilegiados manjares sólo tienen un problema, su precio. El restaurante Amaranto logra un equilibrio entre la calidad y el precio, aunque lógicamente lo bueno hay que pagarlo, y además con un servicio de excelente, pero el precio no me pareció excesivo, sino acorde.

El local del restaurante Amaranto.

En la Avenida Camino de las Torres número 28, Zaragoza, en la plata calle del Hotel Boston. Acceso directamente desde la calle, a través de una puerta de acero inoxidable, brillante y prelúdica de lo que acontecerá tras rebasarla, la elegancia en las formas materiales e inmateriales, con un trato distinguido que dibuja muy buenas maneras, lejos de los antiguos servilismos y centrada en el presente. Maderas nobles en paredes crean un recinto para apenas 40 comensales, con grandes ventanales cuyas tupidas cortinas nos abrigan del exterior y nos absorben en un ambiente tranquilo, sosegado, pensado para el placer de los cinco sentidos.

Restaurante Amaranto, Zaragoza

Que importante es el espacio en la mesa,  nos da sensación de libertad, de amplitud, de relajación, y esto encontramos, mesas generosas, muy bien vestidas, con una escultura de alabastro diferente en cada una, del escultor Aragonés Jose Antonio Barrios.

El menaje perfecto, elegante y apropiado, por supuesto cambio de cubiertos en cada plato, diferentes tipos de copas según gustos del cliente (por ejemplo me preguntaron si para el cava quería copa clásica o de flauta). La vajilla muy original, continuando las líneas curvilíneas de las esculturas y del espejo que preside la entrada.

La mesa de quesos. Que señal más sincera encontramos nada más entrar al restaurante Amaranto. Una mesa de quesos, ¿existe una mejor decoración que una mesa de cristal donde bajo este reposan pacientes un ejército de quesos?. Estos leales soldados son ofrecidos tanto para los entrantes como para los postres, disponen de 40 tipos si mal no recuerdo, no todos en la mesa claro.

Restaurante Amaranto, Zaragoza

El servicio.

La elegancia es un bien preciado, que se tiene o no se tiene, no se puede comprar. Un servicio de sala puede ser muy rápido, muy profesional, muy trabajador, eficaz y eficiente, listo o tonto, guapo o feo, educado o no, y aun con todas las combinaciones posibles de las características anteriores podrá ser elegante, o no serlo. El servicio del restaurante Amaranto lo es.

Es muy complicado, costoso, y requiere muchas “tablas” y horas de vuelo, que el servicio de sala “sintonice” con la mesa, sobre todo porque cada mesa “funciona” en una frecuencia distinta, es algo equivalente a esas partidas de ajedrez donde un maestro juega con 10 ó 12 tableros, donde en cada uno se libra una batalla distinta. Algo parecido tiene que hacer un buen camarero/maitre, cada uno somos de una “leche” y además ese día la tenemos más o menos dulce, o incluso agria. La labor del personal es “tantear” el terreno y amoldarse a las circunstancias, pero con esa delicadeza de hacer y/o decir sin que se note, acompañando y ayudando, sabiendo estar cada uno en su sitio, servir sin servilismo. Y esto es lo que encontramos, un personal experimentado que sabe y quiere hacer las cosas bien.

La carta del restaurante.

Como he indicado el restaurante Amaranto basa su carta en selecto mercado, incluyendo muchos de los mejores productos de España, cada uno de un rincón: marisco Gallego, besugo de Tarifa, bogavante del Cantábrico, cecina de Astorga, carnes del Valle de Esla, arroz de Las Cinco Villas, … Como se puede ver no han escatimado esfuerzos en cuanto al producto.  Además de todos estos platos donde poder disfrutar de grandes figuras gastronómicas, encontramos otros platos algo más diferentes pero igualmente tradicionales como el Goulash Hungaro. En la carta encontramos varias secciones perfectamente diferenciadas: centros de mesa, mariscos, entrantes, pescados y carnes.

Vemos también en la carta el “Menú especial Amaranto” que incluye 4 centros de mesa para compartir y un segundo por persona (carne o pescado) y postre, por 35 euros iva incluido. Es una muy buena opción salvo que deseemos probar algún plato determinado. Los platos de este menú especial no son fijos sino que los confecciona el chef según mercado.

La carta de postres es muy, muy sugerente. El restaurante Amaranto dispone de maestro pastelero propio, que crea auténticas obras de arte, con nombres tan sugerentes como “Pastel fundente de chocolate negro con sorbete de ciruelas”, que además vienen en la carta acompañados de una lista de posibles vinos de postre para los más golosos.

Carta de Ginebras.

Por el módico precio de 9,6 euros el restaurante Amaranto nos ofrece una muy  buena carta de Gin-Tonic, con ginebras principalmente Inglesas pero también de Francia, Alemania, Holanda, Escocia y España. Describen cada una en la carta con la sensación que muestran, como por ejemplo: “Tanqueray Ten, Holanda, elegante, descarada, sabrosa”.

El producto.

Como he comentado en el apartado de carta, el restaurante Amaranto pone en los platos lo mejor de lo mejor, una cuidada selección de los mejores productos de nuestra robusta gastronomía Española.

La carta de vinos.

Tenemos blancos, tintos y espumosos (cava y champange). Con precios que oscilan entre los 14 euros y los 560 euros. Observo una buena relación calidad precio, vinos jóvenes, crianzas y reservas, todos ellos moderados en precio para la gran calidad de sus caldos. Lógicamente tenemos vinos de nuestra tierra, Aragón, aunque ningún cava. Muchos riojas, y también una generosa selección de Champagnes. En definitiva unas 80 referencias, que no siendo una extensísima carta sí que por su gran calidad está muy bien acordada con la carta de platos, que nos permitirá encontrar el maridaje adecuado para una gran mesa.

El vino que tomamos.

Tomamos un cava, Recaredo, Gran Reserva 2006. Excelente. Muy equilibrado,  burbuja fina con buena corona. Fondo de hierba seca, notas de hojaldre. Fue una muy acertada elección, y muy bien calidad precio, por 22 euros una botella perfetamente presentada fría y en cubitera mantuvo la temperatura. Me ocurrió algo no habitual, me sorprendieron cuando me preguntaron el tipo de copa que quería para el cava, elegí flauta, que está de moda, no deja de ser un valor añadido en el servicio.

Restaurante Amaranto, Zaragoza

Los vinos en el restaurante Amaranto los sirven durante la comida, aunque esto es algo que, siendo muy elegante, para los amantes de los tragos largos nos puede llegar a incomodar un poco, puesto que preferimos ser nosotros mismos los que administremos el líquido elemento. Así pues, llegué a un acuerdo con el camarero para que me acercara la cubitera para servirme yo mismo, accedió sin dilación, y me encontré como en casa.

El precio.

Disponen de un menú especial Amaranto, con 4 centros de mesa para compartir, segundo (carne o pescado) y postre por 35 euros iva incluido, más bodega. Qué si tomamos un vino de 16 euros se nos pondrá en 85 euros (35+35+16 para dos) para dos personas, esto es  43 euros por persona. En nuestro caso como el cava subía bastante el precio (22 euros la botella), nos pusimos en 53,5 euros por persona (35+25+22 para dos).

Por otro lado está la carta, donde ya depende muchísimo de lo que pidamos puesto que  encontramos productos muy selectos y por lo tanto muy caros que dispararán la cuenta, también otros buenísimos y no tan caros, ya depende un poco del presupuesto y los gustos.

En general los precios no son abusivos, en esta calidad podríamos decir que ajustados.

Lo que comimos en el restaurante Amaranto.

Como he comentado tomamos el menú especial Amaranto, con 4 centros de mesa a compartir y luego un segundo, más postre.

Detalle de aperitivo: gazpacho de tomate ecológico de Caspe con dulce de remolacha. Un buen comienzo. Buenísimo.

Restaurante Amaranto, Zaragoza

Cecina de Astorga ahumada con madera de roble: Su sugerente e intenso color invita a probarla, tras hacerlo descubrimos un suave pero amplio sabor con un pronunciado fondo de ahumado a madera noble. El plato venía acompañado de tomate natural triturado y pan tostado, yo no soy partidario de añadir tomate a productos de tanta calidad, puesto que enturbian su complejo sabor, pero va en gustos.

Restaurante Amaranto, Zaragoza

Anchoas de Santoña rebozadas: un plato sensacional, unas anchoas rebozadas, junto a un relleno de atún y pimiento, sobre una rebanada de pan tostado, acompañadas de una ensalada, todo un manjar.

Restaurante Amaranto, Zaragoza

Chopitos rebozados en harina de trigo duro: Chopitos, también llamados puntillitas en Huelva y Cadiz. Son un plato delicado, en este caso rebozados en una crujiente harina de trigo duro y acompañados de pimientos de padrón, y estos picaban. Muy buenos.

Restaurante Amaranto, Zaragoza

Garbanzos “Pico de Pardal” con matanza. Un plato que alimenta sólo de mirarlo, para los glotones, como el que suscribe, toda una golosina. Excelentes garbanzos enriquecidos con matanza de equiparable calidad en su punto perfecto de densidad en el caldo, ni muy caldosos, ni una crema. Un deleite.

El garbanzo “Pico de Pardal“, de león, de producción limitada y calidad controlada, goza en el mundo gastronómico de un gran reconocimiento por sus características, como la fineza de la piel y su sabor.

Restaurante Amaranto, Zaragoza

Ventresca de bonito. Una suavísima ventresca de bonito, al orio. En horno de carbón, que le había aportado los aromas propios de la madera. Muy buena.

Restaurante Amaranto, Zaragoza

Cochinillo lechal de león. Un tiernísimo cochinillo lechal proveniente de León, cubriendo sus patatas. Estaba riquísimo y en cantidad más que suficiente.

Restaurante Amaranto, Zaragoza

Postre: tiramisú del propio obrador del restaurante Amaranto. Un postre casero riquísimo pero que casi no puedo terminar después de una comida tan copiosa.

Restaurante Amaranto, Zaragoza

Copita de licor invitación de la casa. Aunque no está indicado en la carta tras la comida nos invitan a una copita de licor, en mi caso tomé un pacharán. Es una muy buena costumbre, poco cuesta y los clientes lo agradecemos.

Restaurante Amaranto, Zaragoza

Resumen y opinión del restaurante Amaranto.

El restaurante Amaranto nos presenta una nueva y excelente mesa en Zaragoza.  Localizado en la Avenida de Camino de las Torres número 28, Zaragoza. Ofrece una carta basada en producto de “alto nivel“, pero bastante ajustado en precio. En nuestro caso tomamos el menú Especial Amaranto por 35 euros que incluye cuatro centros de mesa y un segundo (carne o pescado) y postre, bodega a parte, que si hubiéramos pedido un vino de 16 euros nos hubiera salido la comida a 43 euros por persona. Si vamos por la carta la cuenta puede ascender, según,  puesto que disponen de algunos de los mejores productos de España, seleccionados cada cual de su más característico origen. El local es elegante, con mesas y sillas muy cómodas, el menaje igual. El servicio es de primer nivel, profesional, rápido y empático. La carta de vinos, con unas 80 referencias, que cubren un abanico desde los 14 hasta los 560 euros, dispone de vinos de nivel medio alto y está asimismo ajustada en relación calidad precio. Otro de los aspectos muy a tener en cuenta es la generosidad en las raciones, es muy complicado no salir saciado. En definitiva un gran restaurante que para los amantes de la cocina clásica de gran calidad se convertirá en todo un paraiso. Muy recomendable.