Nuestra valoración: 3,5 cachirulos de 5 posibles, restaurante recomendable(restaurante recomendable)

El Teatro Principal de Zaragoza es un edificio histórico, construido el 25 de agosto de 1799 por el arquitecto Zaragozano Agustín Sanz. Durante el paso del tiempo se han realizado en el Teatro Principal de Zaragoza numerosas reformas tanto del interior como del exterior del edificio, siendo la última de 1987.

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La ubicación del Teatro Principal en Zaragoza es privilegiada, al lado de la plaza de España, con todas las opciones posibles para desplazarnos hasta él, andando si estamos cerca del centro de Zaragoza, en el tranvía de Zaragoza, en autobús  (multitud de líneas pasan por la Plaza de España), o en coche (a escasos metros tenemos el parking público de la Plaza de España).

En la planta primera, en unos de sus elegantes salones, se ha creado un nuevo restaurante, el “Restaurante Teatro Principal”, dirigido por el grupo de restaurantes “El Cachirulo” , gracias a una concesión administrativa entre el Ayuntamiento de Zaragoza  y esta empresa, para un periodo de 15 años.

El salón del restaurante.

Desde que entramos por la puerta, en la calle Coso, percibimos solera antigua, elegante, y una sensación artística que nos hace sentirnos bien, tranquilos y sosegados. Grandes puertas de madera “vieja”, adornados techos y tupidas telas, enormes lámparas doradas colgando de encordadas cadenas sobre nuestras cabezas, mármoles, granitos, detalles visuales por doquier y un ambiente “rancio” y agradable al mismo tiempo, preludio de nuestra mesa.

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Se sube a la primera planta por unas cómodas escaleras, pero escaleras al fin y al cabo, pregunté por el ascensor y me dijeron que había pero que había que salir fuera para cogerlo, entendí que a la calle, supongo que será por algún problema estructural que han tenido que poner el ascensor fuera del hall principal.

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Ya dentro del salón del restaurante del Teatro Principal notamos el toque de una reforma expresamente realizada para ubicar el salón del restaurante, suelos y techos originales pero mobiliario, paredes y resto de decoración sin perder la tónica del edificio pero más actual. Se agradece la suave mezcla de estilos lejos de una ruptura estética.

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Un salón elegante y cómodo con un logrado punto de decoración

El servicio del restaurante del Teatro Principal de Zaragoza.

Profesional sin duda alguna. El jefe de sala atento a todos los detalles desde “la sombra”, como debe de ser, el resto del servicio diligente, preciso y lo más importante, adaptable, a las situaciones, comportándose de forma distinta según “el pelaje” del cliente.
Había un poco de todo del ecosistema de clase social media y alta que encontramos habitualmente en restaurantes de un cierto nivel. La típica mesa de veteranos satisfechos de sí mismos, superiores al resto, indiferentes y altivos ante el resto desde su acomodada situación. La de jóvenes “treintaañeros” con estudios universitarios que venden su fantástico trabajo con nombres fabulosos “responsable de…”, “encargado sobre…”, “manager…”, o cualquier otro apelativo que sus “listos” superiores les ponen para que puedan vender su estatus profesional ante la sociedad, pero que sin embargo poco suelen tener que ver estos nombres con la realidad de fin de mes.
También gente “normal”, grupos de amigos, de tranquila situación económica, que salen a pasarlo bien, sin “tonterías”, trato cordial y real sin “posturas”.
Y lógicamente las parejas, enamorados, o en proceso de ello, que disfrutan de una buena mesa con los coqueteos, risitas, cuchicheos, miradas tiernas o picantonas según toque, amor y felicidad en definitiva.
Y yo allí en medio, aparentemente desentendido de todo lo que no sea mi mesa, pero en realidad “ojo avizor” de todo este ecosistema tan complejo de “torear” por parte del servicio.
En general el servicio de sala bien, sólo un, digamos, reproche: una vez pagada la cuenta nos levantamos y nos fuimos, y nadie nos despidió, y no digo que me abran la puerta y me hagan la pelota, sino que ni preocuparse de decirnos “buenas noches”, no es algo importante en realidad, pero te deja un “amargor” final no acorde al desarrollo real del servicio en general.

La carta del restaurante Teatro Principal de Zaragoza.

Es una carta clásica, pero actual, fácil, con algunos platos típicos de nuestra tierra, como nuestro ternasco de Aragón, además con algunos toques más propios de identidad como el chilindrón, elaboración propia de Aragón utilizada en algunos platos como acompañamiento.

Una carta acertada para lograr su misión. Tengamos en cuenta que es un restaurante que visitará, previsiblemente, mucha gente de paso por Zaragoza, en primer lugar porque está en el principal teatro de Zaragoza y además de porque está en el mismo centro de Zaragoza en un edificio histórico que merece la pena visitar. Por todo ello esta carta es una muestra práctica de la gastronomía clásica de Aragón, dentro de su límite claro está, pero sin “pecar” de novedades, puesto que cuando visitamos otra ciudad lo que queremos, al menos yo, es probar su gastronomía típica en primer lugar.

Dispone entre semana para comer un menú de 18 euros, con primero, segundo, postre bebidas. Para las cenas hay que ir a a la carta, como fue nuestro caso. Echo de menos en la carta algún menú cerrado, recomendaría a la dirección del restaurante que lo incluya, es la opción más demandada hoy por los clientes hoy en día.

El precio.

Difiere mucho el precio del restaurante Teatro Principal entre el menú para las comidas, de 18 euros o si vamos a la carta (creo que faltaría una opción intermedia estilo menú degustación precio cerrado), disponible también para las comidas y única opción en las cenas. Nosotros estuvimos cenando, por lo tanto a la carta, y pagamos 85.25 euros, dos personas, 42.6 euros por persona, tomamos un primero para compartir, dos segundos, dos postres, pan, una botella de vino y una de agua.
Matizar que con un sólo postre hubiera sido suficiente si no queremos engordar mucho nuestra cuenta.
El pan, un euro por persona, no me gusta nada esta falta de delicadeza. Sí, un euro no es dinero, pero ni para ellos ni para nosotros, y sinceramente, queda muy feo en la cuenta. Creo que cobrar el servicio del pan es una reminiscencia que habría que ir olvidando.
No nos podemos quejar de ningún plato, como luego comentaré, y el producto era también bueno, el salón (la concesión y la reforma) hay que pagarla, y también el buen servicio de sala, pero creo que para los tiempos que corren el precio está un poco por encima de lo habitual.

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El vino que tomamos.

Peñazuela, vino tinto 100% garnacha, de Bodegas Santo Cristo de Ainzón. Un acierto este vino en la carta, otro reflejo identitario con nuestra querida, y por suerte tan de moda, uva garnacha, cultivada desde hace cientos de años en las faldas del moncayo, en el Campo de Borja, en este caso en Ainzón, pueblo de vinos de siempre. Una de las mejores cualidades de este vino es su polivalencia, al ser un semi crianza, que ha pasado por barrica de roble Francés durante unos meses y luego ha terminado su redondeo en botella, aporta cualidades de tostados y madera que maridan perfectamente con platos más fuertes, como el asado, carnes nobles o incluso algo de caza, pero sin desentenderse de platos menos profundos en paladar, como en nuestro caso los huevos rotos, ante los que se comporta también adecuadamente dados sus reflejos de juventud.

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Los platos que tomamos.

Cenamos a la carta, un entrante para compartir, dos segundos y dos postres.

Aperitivo, invitación de la casa.
Es habitual en restaurantes que se precien invitar a los comensales a un aperitivo, es un detalle elegante y práctico, por un lado el cliente lo agradece y por otro lado da más tiempo a cocina a preparar los platos de la comanda sin tiempos de espera “aburridos” en la mesa. Además para el restaurante es muy fácil tener preparado, o casi, el aperitivo y que salga de cocina de forma inmediata. Gracias.

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Huevos Rotos.

Unas patatas de verdad, no congeladas, con buen punto de aceite y dos huevos fritos con sabor sobre los que descansan unos cortes de un jamón de una calidad aceptable, con un toque de modernidad aportado con estos divertidos “tormos” negros de masa y crujiente textura.

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Ternasco Asado.

Delicioso, hacía días que no me comía un ternasco así en un restaurante sin horno de leña, tenía la perfecta textura exterior en el fino crujiente de su corteza y grasa, al mismo tiempo que su interior era jugoso. El sabor acompañaba todo lo anterior, evidentemente proveniente de una exquisita selección producto base, el ternasco. Otro aspecto muy importante, la temperatura, servido a elevada temperatura, calculo que unos 38-39 grados, adecuada para comer y que permite que se mantenga durante un buen rato a óptimas condiciones para disfrutar de todas sus cualidades organolépticas que en este plato dependen muchísimo de la temperatura.
Posiblemente, no lo se, este plato sea de quinta gama, en cuyo caso demostraría lo interesante de este sistema que aporta seguridad alimentaria y reduce costes sin apenas perder calidad de elaboración.

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Dados de solomillo.

Un plato clásico hasta la médula también. Un buen solomillo de ternera, en una cantidad suficiente, y con una apetitosa y colorista presentación.

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Tarta de quesos.
Este postre es el único plato que no me terminó de la comida. Si bien el helado estaba muy bueno, y la presentación y cantidad del plato también correcta, la “tartita” no me convenció en absoluto, sabores poco naturales y textura algo empalagosa.

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Surtido de quesos con membrillo.
El mejor postre posible para ese último vaso de vino. Cuatro tipos de buenos quesos, con taquitos de membrillo, todo un manjar. Este plato es muy copioso, recomendable para compartir.

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Resumen y opinión del restaurante Teatro Principal de Zaragoza.

Tengo que ser franco, tenía mis dudas, un restaurante de moda, a través de una concesión del Ayuntamiento de Zaragoza a un grupo importante de hostelería, en un lugar privilegiado… ¿será el típico restaurante para turistas donde no prima la calidad e ideado para “sacar la astilla”?.
Pues no, al menos en cuanto a la calidad, aunque el precio es algo elevado para la situación actual, pero la calidad es también alta, eso es un hecho, tanto en el plato como en el servicio y en el salón. Un servicio de sala profesional muy entregado en la comodidad del cliente y en hacer bien su trabajo, y un equipo de cocina que sabe lo que hace. Entre semana se puede comer por 18 euros un menú diario. Para las cenas la única opción es la carta, que en nuestro caso fue por el precio de 42 euros por persona, saliendo satisfechos en cantidad y calidad.
La carta está orientada a cocina de Aragón con algunos toques de modernidad, pocos, pero con un claro objetivo de satisfacer a los clientes que busquen una alta calidad de cocina local, y con el añadido de que está en el mismo centro de Zaragoza.
Quizás los “peros”, vendrían por parte de la configuración de la carta, muy tradicional, un poco alto de precio y sin una opción intermedia estilo menú degustación.
Desde mi punto de vista el restaurante del Teatro Principal es un restaurante recomendable que bien merece una visita.