Comer en Cambrils

A pocos kilómetros de Tarragona (la imperial Tarraco) y muy cerca de la ciudad que ejerce de capital turística y centro de ocio de la costa dorada, se encuentra la mediterránea villa marinera de Cambrils. Localidad moderna y con servicios e infraestructura hotelera que conserva, al mismo tiempo, el encanto del pueblecito marinero que fue y que, afortunadamente, no ha dejado de ser. Con una temperatura media envidiable durante todo el año, su puerto nos recibe con el club náutico y sus embarcaciones de recreo; después los barcos de pesca y la lonja descansan bajo el reposado vuelo de las gaviotas. El hermoso “parque de los pescadores” acoge en su entrada la oficina de información turística. Museos como el de “Las Tres Eras” “Museo de Historia”, “La Torre de la Ermita”, “Agrícola” (casi todos en el casco antiguo) o la visita a las ruinas arqueológicas de la antigua villa romana de “La Llosa”, son visitas culturales que hacen de Cambrils algo más que un destino de sol y playa. Comer en Cambrils es muy recomendable.

La amplia oferta existente y el buen hacer en la restauración, convierten a la localidad, por derecho propio, en capital gastronómica  de la costa dorada.
Del 23 al 25 de abril tuve ocasión de visitar esta hermosa localidad, acariciada por el sol y la brisa marina, que todavía parece proteger su amurallada “Torre del Port”. Durante esa breve estancia tuve ocasión de degustar una cocina mediterránea que sigue basada en los tradicionales platos marineros ( a base de excelente pescado y marisco) , pero en la que se observan distintos niveles de evolución según se aplique, en mayor o menor grado, el sello de autoría que toma forma en los fogones a través de las manos de sus cocineros. Dentro de estos niveles,  voy a pasar a comentar tres restaurantes en los que dicha evolución va aumentando de grado progresivamente: “Macarrilla”, “Can Pessic” (Restaurante Cerrado) y “Can Bosch”.

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